jueves, 2 de febrero de 2012

Annette Turrillo: el poder reflexivo del arte.


Vista de sala. Frost Art Museum, Miami, USA.

Texto para el catálogo de la exposición Un pensamiento para el planeta inaugurado el 25 de enero de 2012 el Frost Art Museum, Miami, USA

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La obra como espacio de meditación es uno de los objetivos fundamentales del proyecto Un pensamiento para el planeta que Annette Turrillo adelanta desde hace más de un año. Se trata de extender las fronteras materiales de su obra en una instalación –Dame un pensamiento por el planeta– que incluye pinturas, objetos, mapas proyectados, reflexiones, sonidos, que involucra al espectador en un problema que le concierne como es la destrucción de la ecología de nuestro planeta. La sala expositiva no sólo se torna en el escenario que convoca al público a pensar por un instante en el planeta: es el espacio total de la obra.
En esta obra plurisensorial se invita al espectador a reencontrarse consigo mismo y con sus pensamientos. Esto implica asimismo meditar sobre su situación en el mundo. Porque en medio de las proyecciones de los mapas de los continentes vistos como líneas móviles que aparecen y desaparecen, las pinturas, los recipientes reciclados y los pensamientos escritos sobre el tema integrando el espacio en una línea ecuatorial que une las diversas partes que integran la instalación, se hace inevitable plantearse al menos por un instante el problema ecológico.
Vista general
 

Para ver el video y apreciar el sonido: http://youtu.be/SFc0xChClhY 
 
El planeta, de por sí, presenta sus naturales procesos de desgaste y transformación. Sin embargo, parte del desequilibrio ecológico de la Tierra se debe a la continua y destructiva acción del hombre. El resultado de ambos procesos son los abruptos cambios climáticos, los cataclismos de intensidad cada vez más destructiva y la contaminación desmesurada.

La expresión de la sensatez y el equilibrio es una constante en la obra de Annette. Sus pinturas, más allá de sus valores estéticos y simbólicos, propician este estado de espíritu. En este caso, forman parte de este proyecto, rostros que simbolizan a las cuatro estaciones diferenciadas por cambios cromáticos. Estos rostros son, en palabras de la artista, reflejos de nuestro mundo interior, vistos en completa simetría, en equilibrio. Están el Yin y el Yang en otros rostros que, ante la ausencia de color, metafóricamente expresan la integración de estas fuerzas opuestas presentes en todo lo existente. Son, asimismo, recordatorios: funcionan como péndulos que demarcan un tiempo y a la vez nos señalan, en medio de nuestras oscilaciones y debates internos, la urgencia de un equilibrio.
El público adquiere un rol activo. Es más que un espectador. Se torna sujeto en transformación mediante el acto introspectivo del pensar. Porque la obra propicia la participación mediante múltiples contenedores de pensamientos dispuestos en el piso, con colores diversos.
 Sobre la pared de la sala, está la la línea ecuatorial.
Estos recipientes contienen respuestas y reacciones, material que se recicla en cada nueva re-instalación que la artista realiza de este proyecto. Así, la línea ecuatorial que une en la pared a las pinturas está elaborada con los escritos que le han enviado a la artista por medio de la web así como los dejados por los visitantes en la versión de esta obra realizada en Madrid en 2010. La obra, entonces, funciona como un canal de múltiples interlocutores. Siendo una obra participativa, se vuelve entonces en un medio de transformación.

Un pensamiento para el planeta pone en evidencia el poder de la reflexión del arte como propiciador de una profunda transformación interior.

Maqueta de la exposición
Montaje de la exposición:

 
Vistas de sala:

  Annette Turrillo:
 Annette Turrillo

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